Publicado en Consejos, Estilo de vida, Superación

Consejos para bajar de peso

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Si eres de las personas que tienes problemas de peso, este tema te resultará interesante. Resulta que las personas que no tienen problemas de peso ni se lo plantean. En mi caso ha sido una constante desde hace unos 20 años, es la experiencia del yo-yo (subo y bajo) y aunque muchas veces logro identificar porqué estoy comiendo, nunca llego a solucionar el problema de raíz.

Estoy claro que la solución del problema está en mi y en la relación saludable con la comida, o en no relacionarme con la misma como obsesión, escape, para llenar vacíos emocionales o simplemente por gula.

Es importante sí tomar en cuenta algunos consejos para tener una buena relación con los alimentos:

Todos Opinan sobre tu peso

Cuando tienes un problema de peso todos opinan y todos tienen las dietas fabulosas. La verdad es que el único que sabe el problema que tienes eres tú mismo. Por eso el primer consejo es dejar de oír opiniones y descubrir en tu opinión porqué estás comiendo de más y no puedes controlarte. Las opiniones de los demás, solamente serán importantes si les interesa tu bienestar, el resto desechalo.

Son nervios o ansiedad u otros problemas de salud

La realidad es que sí, muchas veces puede ser que comas por nervios o ansiedad, pero no todo el tiempo. Igual puede ser que te guste la buena comida y comas porque te gusta simplemente, así es que si es por nervios o ansiedad es necesario llegar a la raíz de los mismos para saber qué los desencadena. Igual puede haber un problema glandular y se tendría que examinar.

No se baja de peso por milagros

No existe dieta milagrosa que te haga bajar en un dos por tres. La verdad es que subir de peso es muy fácil, pero bajar es muy difícil. Sólo con empeño, perseverancia y disciplina podrás bajar de peso y la ciencia está después en mantenerse.

Chequear los carbohidratos  

Sin duda los carbohidratos aunque son deliciosos, será lo primero que hay que dosificar. No es necesario eliminarlos todos, pero sí saber cuáles se pueden comer y cuáles no, porque existen saludables y no saludables. La realidad es que si se les abre la puerta es muy difícil deshacerse de ellos.

¿Medidas radicales?

En diferentes oportunidades me han ofrecido hacer la operación del estómago para reducirlo. La verdad es que esta operación es drástica y efectiva, al menos por un tiempo, pero si no haces un buen trabajo psicológico para reorientar tu relación con los alimentos, de nada servirá esta operación y volverás a engordar.

Tu peso está relacionado con esta relación saludable con los alimentos y si no desarrollas esta relación y no analizas en tu mente porqué estás comiendo no podrás controlar tu peso. Yo creo que todos podemos. En mi caso logré bajar 100 libras en cuatro años. Ahora estoy intentando bajar 80 libras y espero esta vez lograrlo para poder tener un peso adecuado, tener una relación saludable con la comida y mantenerme en mi peso ideal. He pasado por todas las etapas anteriores menos las más drásticas y de que se puede controlar el peso se puede. Es una realidad el sobrepeso produce enfermedades y dolores. El peso ideal es más salud y mejor calidad de vida. Hay que planteárselo.

 

 

 

 

 

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Ir o no al psiquiatra

Solo Daniel sabía cuántos paradigmas había roto en su mente para acudir a pedir ayuda y consulta a un psiquiatra.

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En su ciudad de un poco más de un millón de habitantes aún había muchos señalamientos acerca de porqué alguien tenía que ver a uno de estos profesionales: o es que se había vuelto loco o tenía algún problema extraño, sino para qué ir. La verdad decía la gente es que las cosas de uno se las arregla uno o la vida misma se encarga y no hay que andar contándole los problemas a nadie, y mucho menos a un extraño que cree que se la sabe todas. En síntesis, si estás loco quédate en tu casa porque los paños sucios se lavan en casa y al final nadie sabrá que estás loco si no lo dices.

Sin embargo, luego de pensarlo y pensarlo se decidió por las visitas al psiquiatra que  suponían para Daniel uno de los momentos más difíciles de su rutina semanal actual. A veces se cuestionaba mucho el porqué tenía que hacerlo. Había llegado al convencimiento que no podía más y que a pesar de que lo había intentado todo por su cuenta, tenía que pedirle ayuda a alguien, porque sino no podría más con su vida y sobre todo temía por poner en peligro su propia existencia.

Las citas en sí mismas resultaban un suplicio porque el terapeuta no hablaba, sino que solamente escuchaba. Era una forma peculiar de atender a un paciente, pensaba Daniel, pero acaso servía de algo que le escucharan sin recibir a cambio algún tipo de retroalimentación por lo que compartía con el profesional de la salud mental? Recordaba con mucho pesar la primera vez que fue y solamente le dieron más medicinas y no le dio respuesta a todo lo que había conversado. Le dijeron que estaba deprimido y que las medicinas le harían sentirse mejor. Sería verdad? La verdad es que se llevó las recetas, compró las medicinas y se las tomó.

Empezó a sentirse con un letargo grande, como si en su vida nunca hubiera dormido, la boca seca, los ojos pesados, le costaba mucho levantarse y sobre todo tenía pensamientos contradictorios de los que mucho después se dio cuenta. Sin duda los químicos eran inentendibles en sus efectos y a Daniel no le estaban gustando. Nuevamente se planteaba si ir al psiquiatra servía para algo, pues la consulta se resumía a recibir un surtido más de pastillas cada vez que iba.

Qué eran las visitas al psiquiatra? un monólogo? acaso alguien le diría alguna vez cómo resolver esas cosas que le atormentaban y por las cuales había que ir donde ese hombre que escuchaba nada más? La verdad es que no sabía las respuestas.

Las medicinas cada vez le hacían sentirse peor, y no encontraba las respuestas que buscaba. Se dio cuenta que estaba perdiendo tiempo y dinero y además desgastándose más mentalmente.

Tomó una decisión y se dio cuenta que las respuestas sólo podría hallarlas en él mismo y aunque los pensamientos martillaran eran suyos y de él dependía que estuvieran o no. Las respuestas estaban en él mismo y aunque contara y contara las cosas de nada serviría, muy dentro de él estaban las respuestas necesarias a sus problemas.

Le quedaba en la mente una última pregunta, será que están en crisis las profesiones de la salud mental, porque si sólo sirve este médico para dar pastillas y sólo escuchar mejor no gastas te compras las pastillas y no le cuentas a nadie tus cuitas.

Publicado en cuento corto

El lector pervertido

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El lector pervertido sabía muy bien cómo escoger a sus víctimas. Más que oyente se convertía en lector y de esa manera “cazaba” más fácilmente a sus presas. Podrían ser una o no, siempre y cuando se dejaran virtualmente “tocar” por el lector pervertido.

Este personaje era un experto en saber cómo anclarse en una conversación. Había desarrollado un perfil específico que escogía y luego de eso, zaz, salía al acecho y cazaba en línea. Generalmente, buscaba personas solas que no tuvieran muchas fotos en sus álbumes de redes sociales o que generalmente aparecían solos o solas. Le interesaban la gente que se dedicaba a querer poner pensamientos elevados o psicológicos o gente que aceptaba en redes a cualquiera que le pidiera amistad. No tenía predilección por un tipo de sexo en específico, le era indistinto, pues lo que le interesaban eran adultos que quisieran desahogarse y contar con él para ser escuchados y que de esa forma pudieran “engancharse” en una platica amena que llevara al que preguntaba a recibir las respuestas más suculentas.

¿Qué le interesaba? Le interesaba saber detalles íntimos y como lobo hambriento se saboreaba cuando lograba llevar la conversación de chat hasta donde la persona se “abriera” completamente y contara todas sus intimidades. Para él, poder tomar nota y seguir con su colección de conversaciones innombrables era lo máximo, y dichas charlas  las mantenía escondidas impresas en una carpeta, sin que ninguna de las presas virtuales pudiera pensarlo que hacía eso o nadie de su entorno. Sabía cómo escoger las palabras adecuadas, sabía también cómo usar las salas de chat y no utilizar las tan famosas palabras detectadas por los robots que pudieran detectarlo y expulsarlo por ser  un atrapa secretos experto descarado y despiadado.

En general la gente no tenía sospechas cuando empezaba una conversación, pero la insistencia de este personaje hacía a la gente sospechar, pero nunca accedía a verse en persona con nadie. Por supuesto, todos sus perfiles en línea eran falsos o sea que su huella tecnológica era indetectable, lo que hacía la búsqueda infructuosa si alguien quería investigarlo y ponerle cara.

Se podría decir que el lector pervertido era inofensivo porque no llegaba a verse con nadie, pero entraba en la mente de las personas, las hacía confiar y desahogarse con palabras, pero no había interacción real, por lo que entra la duda si era pervertido o no.

Quizás su perversión mayor era saber secretos, pero no los compartía con nadie, sin embargo se encontraba en una soledad inmensa que aunque se sentía vivo con esas charlas, nunca terminaban de llenarlo porque nada sustituye el verdadero placer de la compañía de una persona y de hablar cara a cara.

Publicado en Reflexiones, Superación

El acoso escolar: ¡ya no más!

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Esteban no se lo podía imaginar. Recién cuando empezaba este nuevo día tenía conciencia que había tenido un sueño muy realista. Lo terrible del sueño era que lo protagonizaba la persona que más daño le había hecho en su vida estudiantil y que con colores muy vívidos y fuertes recordaba como si fuera ayer, luego de más de 25 años que había sido víctima de acoso escolar y al que había sido su acosador. Lo insensato de la mente es que no se podía explicar por qué aparecía en cada momento inesperado la imagen de esta persona que le hizo tanto daño y que salió sin un solo rasguño de la escuela, pues Esteban antes de llegar a poner una queja intentó por sus medios resolver el problema, pero no lo logró, lo que le causaba mucha vergüenza.

Para este joven en su momento la situación era un tormento, una amenaza de cada movimiento, de cada paso en el día de clase. El acecho era constante y no había forma de detenerlo. Fueron empujones, pellizcos, burlas a la manera de hablar y las constantes risas de los demás compañeros. Era un matón que se le había metido entre ceja y ceja molestar a Esteban todo el tiempo, y este último no entendía porqué. Los demás sólo se reían, pero el efecto en la vida diaria de Esteban era nefasto. Vivía con crisis de ansiedad. No quería hablar en clase. Se escondía en los recreos y ni se diga en las horas de clase o en las horas de deporte. Por las tardes en su casa se llenaba de tristeza porque no encontraba una salida.

Según recuerda alguna vez este tipo se cansaba porque el recuerdo dice que desaparecía, pero el daño quedó grabado en la memoria de Esteban. No se acordaba muy bien cómo terminó el episodio, luego de un año entero, pero la suerte fue que al año siguiente lo expulsaron y no volvió a saber de él. Sólo supo que el colegio no lo admitió más.

Después de tantos años, lo que le interesaba a Esteban era terminar con este recuerdo. Acabar de una vez por todas con las secuelas del acoso escolar y decidir ser libre de su acosador. Los acosadores hacen un daño grande a las personas, sean estos adultos o niños,  y la personalidad del acosado se ve seriamente afectada. Los temores pueden llegar a permanecer por muchos años, las falsas inseguridades que se crean en los que son molestados o simplemente se ve afectado el desenvolvimiento normal entre las personas en el diario vivir. Es necesario hacer conciencia sobre la detención del acoso y elevar la voz para que cese de una vez por todas el acoso de cualquier tipo.

Cuando terminaba de pensar en el tema Esteban decidió que no iba a ser más un reo de ese recuerdo, o de esa persona. Se propuso que iba a hacer lo mas difícil que puede intentar hacer una persona por otra que le desagradaba y esto era perdonarle.  El perdón es para el afectado una de las mejores armas y hace que los fantasmas del pasado desaparezcan de improviso. ¿Hace cuánto fue tu última experiencia de acoso? Hoy en día es lo más normal y se identifica, pero sus efectos son duraderos en el tiempo y en el interior de la persona. No hay que dejarse.

Publicado en Ideas

La loca

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Alberto pensaba que era inmune a los ataques de la loca, pero no, al final se dio por vencido y pensó que no había más remedio que rendirse a la “loca de la casa”, ¡qué mala idea! pero en ese momento no había más remedio.

Esta frase, la de la “loca de la casa” dicen que fue acuñada por una santa, y se refiere a la mente de la misma persona, que si le das rienda suelta a la misma, se vuelve loca.

Pasaban varios días en los que Alberto tenía ante sí, episodios donde pensaba que se había imaginado cosas, sobre todo cosas que supuestamente habían sucedido, pero que no eran verdad. Lo sabía porque repasaba los hechos anteriores y posteriores lo que le ponía más ansioso, pero era la única manera de derrotar al episodio de estrés causado por la desequilibrada de su mente.

Y así pasaban los días. Alberto se dio cuenta de una cosa, si le daba rienda suelta a los pensamientos pues estos se apoderaban de él y ni se daba cuenta o a veces sí. Sin embargo, pudo controlarlos y que ellos no lo controlaran a él. Pero cada día era una historia diferente, pero sabía que se la tenía que luchar porque no hay acto de cualquier tipo que no tenga consecuencias y es mejor no tenerlas para no tener problemas.

Sin duda que a la loca hay que cuidarla, manejarla a rienda corta, y no dejarla que tome el control, qué miedo cuando la loca entra en acción y somete a su dueño. Son insospechadas las consecuencias de los arrebatos de la loca.

 

Publicado en Ideas, Reflexiones

El diálogo del miedo

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Resulta que un buen día se encontraron el valor y el miedo. El primero siempre quiere salir adelante, pero el segundo siempre se impone por ser más alto, más ruidoso y más metido. Sin embargo el valor hace la lucha y se termina imponiendo al miedo, o eso espera la mayoría de las veces.

Una vez el valor estaba completamente seguro que le iría bien con el interior de su dueño en una situación que era totalmente segura, aparentemente. La mente del dueño del valor decía que no podría pasar nada en ese evento del día siguiente, sin embargo, luego de tener preparada la reunión que le tocó organizar y en la que iba a salir todo sin complicaciones ni enredos, el local donde se realizaba la reunión empezó a remecerse, los suelos, los vidrios, las partes de madera del cuarto de reuniones, las lámparas empezaron a temblar y ¡oh sorpresa! La ciudad había tenido uno de esos terremotos memorables, más de 6 grados en la escala que mide los movimientos de tierra. Al dueño se le fue al carajo el valor y cayó vencido ante el miedo hacia la fuerza de la naturaleza.

Cuánta gente te encuentras todos los días que se encuentra con la lucha al miedo. En el caso anterior, se trataba de un evento externo impredecible e ingobernable, pero en las situaciones diarias de la vida en que la interacción con otras personas es la regla, se presenta tanto el valor como el miedo. La forma de comportarse con ciertas personas, las que tienen el poder, las que ejercen una jerarquía, la relación normal con otras personas de cualquier tipo. En medio de todo siempre está la lucha del valor y el miedo.

Sin embargo, por otro lado el ser humano lucha contra otros miedos que ha creado el mundo y la sociedad moderna. El miedo a lo desconocido, a la muerte, a la enfermedad, a la pobreza, a perder las cosas materiales. El miedo a no estar “conectado”, a no dar la talla, el miedo a fallar en  muchas situaciones y póngase a pensar en cuantas situaciones más usted interactúa con el miedo y además tenemos que enfrentarnos con los diálogos temerosos de nuestra mente.

¡Cuánto podemos aguantar! No lo sé, lo que si se es que siempre está la opción de rendirse al miedo o que triunfe el valor, los que están separados por una pequeña película de separación. Sin duda tenemos que luchar, pues el miedo no puede prevalecer y aunque estemos en un momento de valor y tranquilidad el miedo siempre estará agazapado.

Publicado en cuento corto

El abuelo esotérico y sus cartas

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Juan Ignacio había crecido viendo a su abuelo siendo un cascarrabias, muchas veces callado y otras veces encerrado en la sala de la casa oyendo música o sin emitir ningún ruido o hasta hablando solo. Juan Ignacio siempre se preguntaba qué hacía su abuelo en la sala.

Cuando Juan Ignacio fue creciendo se fue alejando del pueblo donde vívía su abuelo, pero se dio cuenta de ciertas particularidades que le resultaron curiosas al ahora muchacho.

Resulta que el abuelo de Juan Ignacio era esotérico, según comentaban los parientes más cercanos. Le intrigaba el más allá y el más acá como dicen algunos escritores, pero sobre todas las cosas le interesaba saber el futuro. Se consideraba libre pensador y le encantaba discutir a gritos si era necesario o imponer sus creencias. Sin embargo, muy pocas personas comentaban ese lado oscuro del abuelo ya que era “espinoso” hablar o comentar en público el asunto.

Los esotéricos y los que buscan las respuestas en los espíritus siempre se encuentran con aliados, ya sean estos familiares, o amigos cercanos, muy cercanos a la familia. En la familia había una cuñada del abuelo que también gustaba de las sesiones espiritistas y ambos sabían donde habría una sesión y cómo podían congregar a otros adeptos. Sin embargo, a pesar que la casa del abuelo era poblada de espíritus (ya que hubieron muchos difuntos jóvenes y enteros en la vida de la familia cuando partieron), y porque de alguna manera algún miembro de la familia había visto algún aparecido en la antigua casa, nunca se atrevieron a convocar esos espíritus en la propia casa, pero siempre encontraban algún lugar donde había gente dispuesta y donde habían “almas” disponibles en línea para “comunicarse”. Nunca se supo qué habían descubierto en esas sesiones, pero la más memorable fue cuando a la cuñada y al abuelo en una de tantas invocaciones los persiguió una mesa, sí, como lo lee y después de esa no quedaron convidados a seguir con las sesiones.

A pesar del susto, al abuelo siempre le quedó la idea de querer saber el futuro, por eso sabía un método donde con una baraja normal podía auto leerse la suerte y esto lo hacía sin saberlo a ciencia cierta, una vez a la semana o conforme lo mereciera la urgencia del caso.  Lo malo es que nunca pudo saber cuándo se iba a morir, cuándo se se iba a ganar la lotería o si iba salir sin caer preso producto de las revueltas políticas en las que se envolvía por su partido político. Tampoco pudo saber cuándo iba a morir el amor de su vida, la abuela; o que terminaría sus días solo y enfermo en casa de una de sus hijas. Sin embargo, a pesar de ser esotérico vivió su vida como quiso, sin miedo a consecuencias espirituales, ni a la Iglesia católica o los curas o lo que pensara la gente.

El cuento de la mesa persiguiéndole fue memorable y alguno de los nietos quisieran saber qué le habrán dicho las cartas en realidad. En la historia del abuelo quedarán sus lecturas de cartas periódicas, sus sesiones espiritistas y el avistamiento de espíritus con testigos, porque eran espíritus traviesos y siempre querían que los vieran.  Sin embargo, el abuelo era exagerado y no puede saberse a ciencia cierta si todo lo que contaba era real o no o lo había exagerado.

Quedó para la historia, un abuelo esotérico. Menuda leyenda para la familia que vive hasta nuestros días.

Publicado en cuento corto

“El Blanco”, el gato

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Resulta que toda mi vida he sido completamente aficionado a tener perros. Durante mi niñez y hasta los veintitantos años tuve perros, una dálmata la más memorable Pecas; un pastor alemán que era de nuestros vecinos, el Boe y vivía casi con nosotros; y otros perros que nacían fruto de amores callejeros de la dálmata: Percy, Bali, Nieves, Berna (que murieron atropellados) y el Negro (que no era hijo de la Dálmata) que una señora que nos ayudaba en la casa lo regaló, porque no lo soportaba más, sin mi permiso obviamente.

Hace 7 años inicié la aventura de criar un gato, cosa que nunca había hecho por la mala fama que tienen los gatos. Mi hermana tuvo su gata, La Pepa, y vivió 12 años. Este gato que adopté hace 7 años era blanco y macho, la Pepa hembra y operada o sea no tenía gatitos, pues se escapó de morir en su primer parto. Pero El Blanco en honor a su color, fue un macho que desde los 6 meses de edad anduvo regando hijos y se volvió un adulto gatariego (una palabra inventada, pero real en el mundo gatuno). Lo singular de este gato es que con cada novia que tenía nos llegaba a dejar a sus novias y crías a la casa, por lo tanto cada gato blanco que aparecía alrededor era obvio que era su hijo. Era la primera vez que criábamos un gato macho, por lo tanto era una novedad cómo tratarlo y cómo darle de comer. Empezó durmiendo conmigo, a mis pies y cuando ya se independizó dormía en el día y desparecía de noche. Siempre había una constante, llegaba a pedir de comer y sabíamos que venía porque nos miraba por la ventana y era su momento de entrar a comer.

Leí en algún artículo que los gatos se crían mejor si no se les deja salir a la calle. La realidad es que volverlos criaturas que pasen encima de uno no tiene ninguna gracia. Estos dos gatos dormían de día en la casa o en el jardín y de noche se iban de parranda. Los oíamos en el techo y sabíamos que allí estaban.

El Blanco se volvió el macho alfa del lugar donde vivimos y por lo tanto un gran peleador. Por este motivo, su aspecto cambió drásticamente, se volvió musculoso y con patas grandes de macho. Además, que aparecía arañado y con heridas que él mismo se curaba. Era muy inteligente y sabía cómo conseguir las cosas o cómo vengarse cuando no hacíamos lo que quería. Hablo en pasado de este gato porque luego de haber criado y convivido con una hembra gato  y  un macho gato, son preferibles las hembras, pues se auto cuidan más y son más tranquilas.

Al momento de escribir estas letras El Blanco está desaparecido. Tiene un mes de no aparecer, y no lo hemos visto en los alrededores, lo que indica que sus días de peleador y de macho alfa han terminado, posiblemente. En mi memoria quedarán los tiempos vividos en su niñez gatuna, sus singularidades y simplemente ser “El Blanco” que llegaba de parrandear.

Nota: la foto es con fines ilustrativos solamente.

Publicado en Amor, Reflexiones, Superación

Vida en pareja, ¿un cuento?

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Vivimos en el siglo XXI, donde parece que la vida en pareja es acaso ahora ¿un cuento? ¿Estamos quizás al borde de que la familia como la hemos conocido los que tenemos treinta o cuarenta años o más, ya no exista o no va a existir más? ¿Qué pasa en la sociedad de hoy? ¿Ya no son importantes las parejas? ¿Es más importante realizarse como individuo, en lugar de como familia? ¿Es más importante que una persona (sola) cumpla sus sueños unoparentales, que vivirlos en familia?

Estas y muchas preguntas me las he hecho continuamente. Esto es por lo que veo y vivo, y por lo que experimento a mí alrededor. Existen miles de causas válidas para que una pareja no se forme o si se forma no esté más junta, pero ¿adónde se fue el amor? ¿Adónde se fue el deseo de estar juntos, de decidir una vida en común en pro de unos valores más altos, que van más allá de lo que no te parece simplemente o lo que te ha cansado?

Existen muchas realidades sobre la vida en pareja. Viene el enamoramiento, se calma el fuego, entra la cotidianidad, vienen los hijos, se enfría la relación y llegan los años donde no hay más lozanía de juventud, sino tedio, costumbre y fastidio. Entonces, venís, hacés un examen de conciencia y no te gusta lo que ves. Será que tu pareja ya no es la misma con la que te casaste y como dice la sociedad hoy en día, hay que reinventarse y te divorciás. ¿Te das cuenta que ya no existe más la decisión de estar con esa persona en concreto o que simplemente la chispa se acabó? ¿Pero qué hay más allá? ¿Existe la vida más allá de esa vida en pareja que has creado y que ya simplemente no te va más?

Muchas de estas preguntas tienen sus respuestas en varias condicionantes y múltiples respuestas pueden ser posibles.  Sin embargo, para estar junto a esa persona con la que has convivido tantos años debe haber decisión de estar y convivir, y lo demás viene por añadidura. Sé que Dios es muy importante y es un componente muy importante de la relación, pero al final el bombardeo del mundo exterior y mediático puede eliminarlo de la ecuación y decidís mandarlo todo al carajo.

Entonces este título que la vida en pareja es ahora ¿un cuento? ¿Es real o no? Ya nadie está dispuesto a sacrificarse, a pensar en los hijos fruto de la relación y mucho menos pensar en la persona que estás “despachando”, casi como el día que se casaron, con la ropa puesta y nada más.

¿Adónde va a quedar la familia hoy en día? ¿En un cuento para contárselo a los más jóvenes?

Cada quien tiene una forma de ver la vida, y de vivirla y quizás encontraron que separarse era lo mejor, pero ¿dónde queda el recuento de daños, y los pedazos para juntarse? Es cierto que puede haber vida con otra persona y en mejores condiciones de todo tipo, pero el punto es, ¿hay alguien que quiera luchar por la vida en pareja, por la familia, por los hijos? Es un tema de un gran y extenso debate.

 

Publicado en cuento corto

El cuento de la lengua

Recuerdo haber leído hace mucho tiempo las capacidades destructivas que puede tener según leí en ese libro, el órgano más pequeño del cuerpo, que según dicen es la lengua.

Sin embargo, su pequeñez no le impide hacer cosas buenas en la persona,  como saborear una comida o ayudar a tragar los alimentos. Asimismo, lograr que una persona hable y se comunique que es una de las funciones más importantes. Por otro lado, una de sus características más malas es que puede producir palabras de todo tipo, por eso en el argot popular dicen que una persona es muy venenosa por el tipo de lengua que tiene y las palabras que con ella produce.

En este sentido la lengua también tiene sus diálogos internos propios, como son los que tiene con el paladar y con sus vecinos más numerosos, los dientes. Resulta que el paladar le obliga a hablar hacia arriba y eso es un poco incómodo, por eso no le gusta mucho. Pero por el contrario, entabla conversaciones muy entretenidas con los dientes de adelante de la boca y con quien hace conversaciones realmente fantásticas. Sin embargo, con su mala fama encima la lengua también tiene su cuento.

Los dientes le decían a la lengua si era capaz de ejercitarse (como es su costumbre diaria, cientos de veces al día) sin llegar a ser mordida por los dientes. Los dientes aseguraban que eso era imposible y que tuviera cuidado, porque si ellos la mordían inevitablemente tendría que quedar muda, porque al ser mordida por los dientes saldría el veneno correspondiente producto de años de labor de la lengua. El pequeño órgano juraba que tenía años de práctica y que jamás le sucedería; primero su oficio noble de producir palabras antes de ser vencida por un grupo de dientes que hacen poco más que masticar.

Con lo que no contaba la lengua es que ella no es autónoma, depende de su dueño  y resulta que el día en cuestión el mismo se enfrascó en una trifulca amorosa por celos, lo que significaba que la lengua trabajaría bastante y emitiría los cientos de palabras que estas emociones producen en los seres humanos. No hay que ser adivino para saber que la lengua perdió. En un arranque, el dueño de la lengua habló tan rápido y propinó tantos insultos que le dieron una trompada en la cara al propietario,  que como resultado, la lengua fue mordida por los dientes. ¡Oh sorpresa! los diente sí que tenían su trabajo y lo hacían bien. Fue tal el descargue emocional por celos, que luego de la mordida y correspondiente golpe y discusión, la lengua quedó aturdida por el veneno que resultó de la mordida y no tuvo más remedio que caer rendida y callarse. Había sido vencida por sus vecinos y por las palabras que producía su dueño en arranques emocionales. Al final del día no resultaba tan autónoma y sí que tenía veneno. Lo bueno del asunto es que pasadas las emociones se recuperó del todo y volvió a la normalidad, pero teniendo más por respeto por sus vecinos y por su dueño. Finalmente, todos los órganos del cuerpo tienen su función y aunque quieran ser autónomos funcionan dependiendo uno del otro y de la mente de quien la porta.

¡A cuidarse del veneno de la lengua! que un día lo puede llevar por mal camino y meterlo en problemas. Pobre lengua, lo que duele una mordida de los dientes.

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